domingo, 13 de marzo de 2016

Lienzo en Blanco



Justo cuando Amber detuvo el motor de su ostentoso deportivo italiano en el aparcamiento del “Dark Dreams”, la voz temblorosa de April se apresuró a dejar patente el nerviosismo que, en ese mismo instante, la dominaba.


“- Oye, no estoy muy segura de esto.”


“- Pero joder… ¿no lo habíamos hablado ya?.”


“- Sí, pero no creo que esto esté bien… sabes que yo no soy ese tipo de persona, siempre he defendido que…”


“- ¿Otra vez me vas a soltar todo el rollo?. Pero mira que eres mojigata. Nos conocemos desde la Universidad, y no recuerdo una sola vez que hicieras algo que quisieras sin que se te tuviera que llevar a rastras.”


“- Te he dicho mil veces que no soy una mojigata. Simplemente tengo mis dudas…”


“- ¿Es por Jim? Precisamente estamos aquí por él, para quitarte de la cabeza lo que te ha hecho ese hijo de puta.”


“- Ya, si esa parte la tengo clara… más o menos. Pero para mi no deja de ser como si le engañara, o como si me engañara a mi misma, en cierto modo.”


“- Te recuerdo que se folló a su secretaria, menudo tópico además. Que cuando le descubriste, encima te echó en cara que lo hizo porque le tenías desatendido, cuando has sido su perrito faldero durante todo vuestro matrimonio. Y, para rematar, quien se tuvo que ir de casa a un puto motel fuiste tú.”


“- Bueno, pero yo le sigo queriendo…”


“- Mojigata, cobarde y sumisa. Eso eres.”


“- Que no me llames mojigata, joder!.”


“- Pues compórtate como una mujer libre, valiente y poderosa… y entremos de una vez. Para eso estamos aquí, para que sueltes toda esa tensión. Te aseguro que saldrás como nueva, hecha toda una campeona. Créeme, Lienzo es fantástico, no encontrarás a nadie igual que él.”


“- … “


“- ¿Ese silencio es un sí?.”


“- De acuerdo… entremos.”


“- !Ésta es mi zorra! No te vas a arrepentir… ¿Has visto todas las luces que tiene este sitio? !Esto es un parque de atracciones para adultos, y te vas a montar en la montaña rusa más fabulosa que existe!.”


April esbozó una tímida sonrisa, de ésas que reflejan la excitación ante un gran evento vital, y asintió con la cabeza. Juntas, salieron del coche y se dirigieron hacia la entrada del club de alterne. 


“Dark Dreams” era una construcción imponente, un edificio de cuatro plantas de estilo victoriano que inspiraba un elegante misterio a pesar de lo extravagante de su iluminación. Sus amplios ventanales, los detalles esculpidos a mano de su fachada y su afilada torre central dejaban claro que aquel lugar no era como los demás prostíbulos de la zona.


El portero, un africano de largas rastas de dos metros de altura por dos de anchura, reconoció a Amber inmediatamente y les deseó a ambas una feliz velada mientras les abría la puerta. Amber le mandó recuerdos a “su señora”, un detalle que sorprendió a April. Le había dicho que solía venir de vez en cuando… pero parecía ser alguien más que habitual en el lugar.


El largo pasillo de rojas paredes aterciopeladas que les llevaba a la “Sala de Espera” se le hizo interminable a April. Durante el trayecto, miró con vergüenza algunas de las fotografías en blanco y negro que llenaban los espacios vacíos de esos muros carmesí. Hombres y mujeres vestidos de cuero, atados y amordazados… unos siendo golpeados, otros infligiendo dolor. Todos ellos con las sonrisas más amplias que vio jamás. 


Al traspasar la cortina que separaba ambas estancias, April se sorprendió enormemente. Siendo su primera vez allí, se había imaginado algo más sórdido, lleno de yonkis y maleantes. En cambio, se encontró con que todos los clientes iban impolutos, ellos con esmoquin y ellas con vestidos de noche oscuros. Aquello parecía más una boda que un burdel, aunque entendió por qué había insistido tanto Amber con la indumentaria que ambas llevaban.


El recinto tenía una decoración lujosa, con sofás Chesterfield negros que contrastaban con el mármol de Carrara de las mesas y la barra. Nuevamente, las paredes estaban cubiertas de aquel terciopelo bermellón intenso. Todo allí era negro, blanco o rojo.


Un joven musculado, perfectamente depilado y ataviado sólo con un slip bruno con tachuelas metálicas se les acercó, saludó a Amber con un beso en la mano derecha y les comunicó que deberían esperar unos minutos, ya que Lienzo estaba descansando de su sesión anterior. Les entregó dos copas de Möet & Chandon Brut Imperial, lo único que se servía allí, y les acompañó a sus asientos.


“- Madre mía, Amber… !qué hombre! Espero que Lienzo esté tan bueno como éste tío.”


“- Ya te he explicado que lo bueno de Lienzo no es su apariencia, sino lo que es capaz de hacer… o dejarse hacer, mejor dicho. Tú no necesitas un polvo con un cuerpo bonito, necesitas una experiencia que te abra los ojos en cuanto a la vida. Y Lienzo consigue que tus sueños se hagan realidad. De su habitación saldrá una nueva April, una que nunca más se dejará pisar.”


“- Ojalá sea así. Esto es un mundo nuevo para mí, por mucho que me hayas contado tu experiencia con él… no me parece algo posible, es casi como fantástico, como un cuento de hadas. ¿Superar toda mi mierda personal en una sola sesión? No se… de lo que hablas es magia.”


“- No se cómo lo hace, pero lo consigue… lo he visto con mis propios ojos, yo lo he hecho con él, lo he vivido. ¿Crees que me iba a gastar 5.000 dólares en esto si no supiera que te va a hacer el bien que te he prometido?.”


“¿5.000 dólares? ¿Estás loca? Creía que esto era más barato… No puedo aceptarlo, Amber.”


“Piensa que es el regalo más grande que te puedo hacer, y actualmente me sobra el dinero, te dije que ahora me va sobradamente bien. Desde que pasé por aquí por primera vez, no he dejado de ascender en mi empresa. ¿Creías que era algo casual?. Lo que hice con Lienzo ha sido la razón de ello. Y te confieso que yo también tuve una madrina entonces, mi tía Agnes fue quien me trajo y pagó por mí. Tómatelo como un ritual de iniciación, la primera es gratis y, en el futuro, cuando tengas tus propios recursos y seas la mujer poderosa que debes ser… traerás a otra mojigata aquí a sacarse los demonios fuera.”


“- ¿Tu tía Agnes? ¿En serio? Pero si tendrá como unos 70 años, ¿no?. Nunca lo hubiera imaginado…”


“- Para que veas que esto que vas a hacer es algo muy normal. Es mas… ¿no reconoces a nadie de aquel grupito de allí?.”


“- Madre mía… ¿es esa la alcaldesa? ¿pero qué hace aquí?.”


“- Y el que está a su lado es el fiscal general. Si ellos están aquí… ¿acaso hay algún problema en que estés tú?. Mientras seas discreta con lo que veas, nadie te molestará nunca a partir de ahora, te reconocerán como una igual. Esto es la Liga de Primera División, y ahora juegas con nosotros, April.”


“- Ya sólo con esto me siento más importante.”


“- Pues espera a probar a Lienzo…”


En ese momento, el muchacho de antes les interrumpió, avisándoles de que Lienzo ya estaba preparado. April se levantó, dio un sorbo interminable a la copa hasta no dejar una sola gota, suspiró profundamente y le siguió hasta el ascensor que formaba el núcleo central de la inmensa torre del edificio. 


Al entrar, pulsó el botón superior del cuadro de control, junto al que se podía leer “Habitación de Lienzo”. Mientras se cerraban las puertas, el chico le dijo:


“- Nos veremos en el otro lado, preciosa.”


April se quedó callada mientras se ponía colorada. Menos mal que ya no podía verla, ese chico le había gustado mucho, era tan atractivo, tan… alejado de lo que creía que alguien como ella se merecía. Durante unos segundos se olvidó de donde estaba y hacia donde iba, mientras fantaseaba con ese cuerpo escultural que le había llamado preciosa hace un instante, que la había ruborizado.


Imaginó que se acercaba a él y le besaba apasionadamente, que le metía la mano dentro de su minúsculo atuendo y le susurraba al oído “te voy a dejar seco”. Este pensamiento le estremeció todo el cuerpo, pero enseguida volvió a pensar que nadie como él desearía a alguien como ella. Sí, era un empleado de aquí, por eso le había piropeado, es parte del negocio.


Volvió a la realidad cuando el ascensor se detuvo bruscamente. Las puertas se abrieron, dio unos pasos adelante y se adentró en la sala. Tanto las paredes como el techo y el suelo eran de azulejo blanco, y en el centro de la estancia había un agujero que se asemejaba a un desagüe. Al fondo había dos portones, del de la derecha salió un hombre desnudo, de baja estatura y una complexión no muy atractiva, era un hombre muy convencional.


April no pudo ocultar su decepción al verle, esperaba una fachada algo más cautivadora que la que tenía delante. Lienzo sonrió, como si se hubiera percatado de la desilusión de April y fuera algo que ya hubiera previsto, y le comentó:


“- Tranquila, supongo que ya te han contado que mi punto fuerte no es el aspecto, sino no estarías aquí ante mí en mis aposentos. Si ya has llegado hasta aquí, te animo a que cumplas tus deseos. No obstante… ¿tienes alguna duda al respecto?.”


“- Creo que no, mi amiga Amber ya me ha explicado todo, aunque sea algo extraño e irreal asegura que tú podrás quitarme de encima todo el dolor y la rabia que llevo dentro, que me desharé de ese límite que me impide progresar, que hace que mi voz no sea escuchada. Odio sentirme así, verás, es que mi marido…”


“- Eh, eh… no hace falta que me cuentes tu historia, en el fondo es igual que la de todos los que pasáis por aquí… y es algo irrelevante. No necesito un por qué, sino que te quedes vacía de miedo y aflicción. No más excusas, no más justificaciones, no más palabras. No quiero oírte, sólo quiero verte hacer. Entra en la habitación de la derecha, escoge tu juguete y vuelve aquí a jugar conmigo, hasta que mi cuerpo no pueda aguantar más. Después, márchate por donde has venido. Ése es el trato, ¿de acuerdo?.”


“Sí, claro, como tú dig…”


“Te he dicho que no más palabras, asiente con la cabeza y comencemos de una vez.”


April se calló, esbozó una mueca pícara y se apresuró dentro del cuarto de los juguetes. Tras una breve deliberación, se decidió por un bate de baseball de aluminio. Le había recordado a Jim, a esas interminables veladas viendo a sus adorados New York Yankees en la televisión, en las que ella dejaba de existir, en las que cualquier mínimo comentario suyo era reprendido por él argumentando que le estaba impidiendo disfrutar del partido. Pues ahora ella iba a disfrutar esto, cada segundo de ello…


Salió corriendo en dirección a Lienzo y le asestó un duro golpe en la parte frontal del cráneo. Éste cayó al suelo, comenzando a sangrar profusamente de la laceración que le había provocado el impacto. Miró a los ojos a April desde el piso, soltó una carcajada y le espetó:


“- Así me gusta. !No te dejes nada dentro, chica!. !Acaba conmigo!”


April comenzó a gritar, hasta que las cuerdas vocales le ardieron como si hubiera bebido ácido. Sus brazos oscilaban violentamente arriba y abajo, esgrimiendo el bate como si de un mortal pincel se tratara, plasmando con cada salpicadura de sangre los trazos que daban forma a la ira que la había estado devorando por dentro. Mientras más se denostaba la figura de Lienzo, más excitada y poderosa se sentía.


Cada vez que oía el crujido de sus huesos se sentía más y más ligera, menos y menos culpable. Dejaba de sentirse una víctima para convertirse en un verdugo. Abandonaba su condición de presa para abrazar totalmente una nueva como depredadora. Nada podría detenerla ahora.


Al cabo de lo que a ella le pareció una dulce eternidad, detuvo sus impactos y lanzó el bate lejos de ella. Se tumbó junto al cadáver de Lienzo, abrazándolo, llenándose el vestido de sangre.


“- Gracias… Muchas gracias.” 


Y, entre lágrimas de felicidad, se levantó y se marchó por el ascensor por el que vino. Cuando llegó a la planta baja, sonó un aviso por la megafonía del local.


“- Den la bienvenida a una nueva miembro al Club. Felicidades, April.”.


Todo el mundo se puso en pié, alabando la valentía que había mostrado al dejar suelta su parte más animal. Lo había hecho, como todos los demás allí presentes. Había acabado con la vida de otro, le había aplastado como si de un insecto se tratara. Y lo mejor de todo, nadie podría acusarle de homicidio, ya que todo era perfectamente legal.


En su mirada se cruzó el muchacho musculoso, y sin pensarlo dos veces se acercó a él, le besó apasionadamente, le metió la mano en su minúsculo atuendo y le susurró al oído “te voy a dejar seco”. Le agarró bruscamente del brazo y se fueron a uno de los cuartos reservados para el sexo libre y salvaje de los tantos que albergaba el establecimiento. Tenía un montón de nuevos sentimientos que celebrar.


Mientras tanto, en el cuarto de blancos azulejos, Rosita, la limpiadora del turno de noche, pasaba la manguera para quitar las manchas de sangre. El amasijo de carne, plasma y hueso que se encontraba a sus pies comenzó a moverse lentamente entre chasquidos, recuperando paulatinamente la forma humana que tuvo antes de la tremenda paliza que recibió.


Gemía de agonía al principio, para ir poco a poco recuperando la nitidez en sus palabras, expresando con blasfemias la tortura que suponía el proceso de regeneración. Cuando hubo completado la recuperación, se puso de pie delante de Rosita con los brazos extendidos.


“- Anda, Rosita, límpiame con la manguera de un momento, que tengo otra sesión en quince minutos.”


“- De verdad… sigo sin entender qué coño haces con tu vida. Mírate, podrías estar haciendo cualquier cosa… salvando al mundo. Eres inquebrantable, eres inmortal… ¿por qué malgastas tu don aquí?


“- Pues lo mismo que haces tú… es dinero fácil y rápido. Claro que podría ser un héroe, pero aquí cobro 1.500 dólares por sesión. Los buenos son pobres, y yo no quiero serlo. Mis vicios son caros, y prefiero poder pagarles a no poder permitírmelos. Puede que no tenga una vida honorable… pero el honor ni te alimenta, ni te viste, ni se esnifa.”


“- No, si tienes razón… pero si fueras mi hijo, me avergonzarías.”



“- Pues quédate a la siguiente sesión y tal vez cambies de opinión. La siguiente que tiene reserva es mi madre, podrás preguntarle qué piensa de esto.”




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