lunes, 21 de marzo de 2016

Diario de un Cautivo


Querido Diario: Hoy ha sido, con diferencia, el peor día de todo mi cautiverio. 


Cuando he abierto los ojos, me he encontrado al más delgado de mis guardias ahí plantado, junto a los barrotes de mi jaula. Estaba observándome con una expresión de gozo que me perturbó al instante. Lo percibió, esbozó una sonrisa aún más amplia, se acercó a mí y comenzó a manosearme. 


Ya he aprendido a dejarme llevar en momentos así, sé que si grito y trato de defenderme el castigo será peor. Se aferrará con más fuerza a mi cuerpo, me zarandeará hasta que me de por vencido. Cuanto menos resistencia pongo antes acaba el suplicio. Ni siquiera tiemblo ya cuando sus manos rozan mis genitales.


Poseen tal superioridad frente a mí, tanto intelectual como físicamente, que mi huída de aquí es toda una utopía. No soy capaz de descifrar su tecnología, y si no fuera así, tampoco dispongo del tiempo suficiente para adquirir el grado de destreza que ellos exhiben. 


Sus complexiones son inmensas, más de diez veces mi volumen. Auténticas moles que se desplazan a velocidades de vértigo, con una gracia en sus movimientos que hace sonrojar mi torpe evolución. Son tan poderosos como la Naturaleza misma, y yo no. Son dueños de mi Destino.


Me frustra mucho que usen un galimatías cuando se comunican conmigo. Entre ellos, utilizan un lenguaje de tono grave, pausado, dispar y dinámico, pero a mí me toca una especie de jerga que se torna aguda, apresurada, repetitiva y monolítica. ¿Seré digno en un futuro para poder interactuar con ellos en el complejo argot de la casta? La barrera idiomática sigue siendo infranqueable… ¿cómo voy a negociar mi libertad entonces?


Sueño con escapar, más aún cuando mis carceleros han llevado hoy mi mortificación a un nuevo nivel. En vez de los coloridos trajes de presidiario que me suministran aleatoriamente para tapar mis vergüenzas, me vistieron con una túnica albina, llena de ridículos bordados que no hicieron más que agigantar la vejación a la que sería sometido.


Se reunieron con el resto de su clan en un extraño lugar, donde imágenes de cadáveres decoraban los muros. Me postraron frente a un hechicero, de ostentosa indumentaria y discurso gestual caótico, que oscilaba violentamente entre la cólera y la docilidad. Cuando acabó su monólogo, se dirigió hacia mí, me agarró y me torturó. Aún me sobrecoge el líquido recuerdo de la asfixia, de las zarpas de ese anciano sumergiendo mi cabeza bajo el agua sin piedad.


No supe si aquello era un interrogatorio o una ejecución, pero supliqué por mi vida como nunca, una auténtica reacción visceral y honesta. Lloré, pataleé… no me contuve con mi plegaria. Todos rompieron en carcajadas, complacidos con mi sufrimiento. Degradarme parecía ser lo único que motivaba a toda ese jodida raza de monstruos al completo.


Y es que todos querían su momento y todos lo tuvieron. Festejaron durante horas su dominio delante de mis narices, llenando su insaciable apetito con los más variados manjares, mientras a mí me forzaron a tragar esa mierda homogénea con la que nos alimentan a los esclavos. Sus alientos pútridos cerca de mí me daban náuseas, pero sólo era capaz de titubear debido al pánico.  


Tanta angustia sentí… que caí exhausto en un profundo sueño. Acabo de despertar, estoy de vuelta en la oscuridad de mi celda y los dos guardias están dormidos. Aún sigo confuso, pero ahora es el momento perfecto para procesar todo esto, para encontrar una salida fuera de aquí.




El primer paso será descubrir qué significa eso de “Bautizo”, se lo he oído pronunciar a todos ellos.


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Por si no has descubierto quién (o qué) es el prisionero, por si te ha parecido un Relato caótico y sin sentido... te doy la clave para entenderlo: 


El prisionero es un bebé.


Ahora, reléelo y todo cobrará sentido. Puede que esta vez hasta te rías.




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